© Historias que me cuento - 2019

Los caracoles de la amazonía

La más reciente producción de Alessandro Angulo llegó a la pantalla grande el pasado 27 de junio con el objetivo de demostrar la lucha indígena contra el cambio climático.



El sendero de la anaconda, declarado recientemente el documental de largometraje más visto de Colombia, cuenta el viaje del antropólogo Wade Davis por la geografía y las culturas de la amazonia colombiana. En lancha y con cámara en mano, Davis se enfrenta a más de 400 kilómetros de recorrido por el río Apaporis para fotografiar los paisajes que dejaron boquiabierta a la multitud de personas que han visto la cinta en las salas de cine; y para concientizar acerca del deber ecológico de preservar El Sendero de la Anaconda, un corredor de bosque que va desde los Andes colombo-peruanos hasta el océano Atlántico, en las costas noroccidentales de Brasil.


Desde mi perspectiva, el mayor logro del largometraje está ahí: como país y como continente nos ha hecho falta entender que la preservación de la naturaleza debe apuntarle a la conectividad; y que es la relación entre una serie de ecosistemas la que permite el intercambio genético, la reproducción y la perpetuación de las especies. La película nos permite dimensionar este tema; sin embargo, en el discurso para llegar a su conclusión está, paradójicamente, el más grande error: la ligereza con la que se asume la preservación selvática y las luchas indígenas por esta.


The entry falls at Jirijirimo, Rio Apaporis. © Richard Evans Schultes


El arte, como fenómeno cultural y social, no puede pensarse fuera de un contexto político; eso es lo que le cuesta entender a Caracol Televisión con sus producciones cinematográficas: están tan obstinadas en mantenerse al margen de un bando u otro (algo que al fin y al cabo termina siendo falso en el análisis profundo del lenguaje) que no dimensionan una de las diferencias fundamentales entre la prensa y el cine: la obligación que tiene este último de preguntarse sobre su realidad.


El mundo del cambio climático no necesita un documental que toque superficialmente los problemas de la conservación; necesita apuestas realmente críticas que abarquen el problema desde su origen colonial hasta las mismas causas de su perpetuación.

En cualquier caso, El sendero de la anaconda peca de tibia en cuanto a su representación del contexto amazónico; y con esto se arriesga a contribuir al refuerzo de los discursos oficiales, esos mismos que, sin separarme tanto del tema como se pensaría, han promulgado la desinformación y perpetuado la violencia en nuestro país.


Con un guion que no parece haber tenido más que un lector, o una edición machetera que optó por no eliminar ninguno de los monólogos varias veces contradictorios de Wade Davis; esta cinta carece de una estructura narrativa clara. Pasa de hablar y alabar las expediciones del botánico Richard Evans Schultes a lamentarse por la falta de fábricas de caucho en el Amazonas después de la Segunda Guerra Mundial; y tiene todo un apartado dedicado a Colombia Bio (Proyecto botánico de Colciencias) que se nota a leguas que fue puesto a regañadientes para recompensar de cierta manera al patrocinador.



Macuna Boys resting in Rio Popeyaca. © Richard Evans Schultes


Cosa más grave aún es que el documental, además de decepcionar como producción, es una cinta peligrosa, que vende una visión brumosa sobre la realidad de nuestras culturas indígenas y del bioma amazónico. A Caracol Televisión le faltó poner una advertencia para que no comiéramos cuento; porque las luchas indígenas contra la empresa extranjera no son, como lo planteó Agudelo, tiempo pasado; ni el respeto por el territorio se solucionó con la construcción de parques, porque la selva sigue perdiendo terreno día a día a causa del acaparamiento de tierra, de la minería y de la ganadería extensiva.


La productora les pinta a los usuarios de la pantalla grande, obviamente de las grandes ciudades, una mirada parcial, idealizada y mentirosa de la realidad de los territorios; cuestión con la que tenemos que ser muy críticos, porque esa desinformación termina condenando a las luchas sociales a su deslegitimación. El mundo del cambio climático no necesita un documental que toque superficialmente los problemas de la conservación; necesita apuestas realmente críticas que abarquen el problema desde su origen colonial hasta las mismas causas de su perpetuación.


Así, de El sendero de la anaconda nos deja un mensaje importante: para los que no la han visto, vayan a verla, disfruten su fotografía y su música; reflexionen sobre ella y recomiéndenla; pero siempre recuerden lo que ya todos los colombianos deberíamos saber de nuestros medios de comunicación: no traguen entero, que muchas veces el bosque nos lo pintan para que nos perdamos.


Santiago López